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Lautaro Carmona
Tras conocerse el caso de un joven que se habría quitado la vida en La Serena, surge la inquietud sobre la manera en que esta silenciosa problemática es abordada a nivel regional y nacional. De acuerdo a datos de expertos, la atención de estos casos se dificultó en pandemia, aunque existen programas que intentan paliar esta dolorosa realidad.

Una triste noticia es la que se dio a conocer durante la mañana de ayer, cuando en el sector del Parque Pedro de Valdivia, en la capital regional, apareció el cuerpo de un joven de aproximadamente unos 30 años, quien se habría quitado la vida.

El hecho puso en el tapete una situación muchas veces invisibilizada: las problemáticas de salud mental.

En lo que respecta a este lamentable hecho, el jefe de la Brigada de Homicidios La Serena, comisario Claudio Alarcón, aseguró a El Día que “detectives de esta unidad especializada, junto a peritos del Laboratorio de Criminalística Regional realizaron las primeras diligencias con el fin de determinar las circunstancias de la muerte de este hombre, en el sector de juegos infantiles del Parque Pedro de Valdivia de La Serena. Tras el análisis externo del cadáver, se pudo establecer que presentaba una data de muerte de 10 a 12 horas, descartando la participación de terceros en su muerte”.

¿Por qué una persona toma la decisión de quitarse la vida y qué tan preparado está el sistema de salud para abordar esta materia? ¿Qué piensan los profesionales sobre una realidad que ha tomado mucha más fuerza en pandemia, y qué prejuicios existen en torno a una situación que es dramática? Diario El Día conversó con diversos profesionales para intentar explicar este triste acontecer.

 

“Las prestaciones en salud mental disminuyeron en pandemia”

Carlos Ibáñez es psiquiatra y coordinador de la Red Salud Mental es Salud, entidad con amplia experiencia en esta materia en el país.

En ese contexto, este profesional ha tenido un vasto contacto con situaciones de este tipo y por cierto ha estudiado y evidenciado la problemática de la decisión de una persona de terminar con su vida.

“El suicidio es una materia muy importante desde el punto de vista de la salud pública, porque además del inmenso dolor que esto significa para la familia directa, se trata de la pérdida de una vida, lo que repercute a nivel de toda la comunidad. Aunque el suicidio está entre las tres primeras causas de muerte entre los adolescentes y los jóvenes en nuestro país, tenemos que considerar que esto se produce en un contexto de factores de riesgo que uno podría intervenir”, acotó.

Entre los factores más importantes está la depresión y los trastornos del ánimo en general. “El consumo de alcohol y otras drogas, la violencia intrafamiliar o antecedentes familiares de trastorno psiquiátrico podrían ser razones. Por tanto, una de las mejores formas de prevenir pasa por los tratamientos oportunos de salud mental”, señala.

En ese sentido, admitió que “en nuestro país tenemos un desafío muy importante, porque el acceso oportuno a tratamientos de salud mental es bastante difícil. No olvidemos que cerca del 6% de la población tendría depresión y cerca de un 5% tendría trastornos por consumo de alcohol. Por tanto, si sumamos los trastornos ansiosos y otros problemas de salud mental, podríamos decir que hasta un 20% de la población del país requeriría algún tipo de tratamiento a lo largo de su vida. Por tanto, son una de cada cinco personas”.

En esa línea, el profesional reconoció que la pandemia ha sido un factor decisivo. “Esto ha ido en alza, pues en la actualidad podemos hablar fácilmente de uno de cada cuatro. Por ese motivo, debemos reconocer que estamos llegando muy tarde, y ni siquiera estamos llegando a la mitad de ese grupo de la población. En el caso de la depresión, sólo uno de cada cuatro tiene tratamiento”, argumentó Ibáñez sobre una temática que es dolorosa.

 

Muchos factores y grupos de la población

Quien también conoce de gran forma esta problemática que nos compromete a todos es Rosa Levi, asesora en Salud Mental y referente en prevención del suicidio del Servicio de Salud Coquimbo. “Lo primero que hay que entender es que el suicidio es muticausal. No hay una única razón, y desde hace un tiempo la Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo que se trata de un problema de salud pública pero que es prevenible”, explicó.

Sin embargo, esta destacada profesional señaló un aspecto importante, ya que “las mayores tasas de incidencia de suicidios son en adultos mayores y por eso ponemos un énfasis importante. Es cierto, nos impacta mucho el suicidio de una persona joven y a cualquier edad nos va a impactar, pero igual debo decir que son las personas mayores muy importantes víctimas de esta realidad”, aseveró Levi.

Tan preocupante es este tópico, a juicio de esta profesional, que no tendría nada de raro definir a las problemáticas de salud mental como una segunda pandemia. “La pandemia ha generado incertidumbre, ha habido cuarentenas prolongadas, con niñas, niños y adolescentes que han cambiado sus rutinas y por largo tiempo no han estado en establecimientos educacionales. No sólo debemos pensar en los contenidos desde el punto de vista académico, ya que hay todo un aspecto social que impacta. No olvidemos que en familias más vulnerables el no ir al colegio tiene incidencia en materia alimentaria”.

A su vez, Levi reconoció que “el sistema se visto en cierta forma muy colapsado, presionado y direccionado a atender la crisis sanitaria, lo que significó que algunas prestaciones quedaran en desmedro, porque teníamos que dar respuesta a la necesidad del momento. Sin embargo, tras realizar un análisis de cómo la salud mental había afectado a las prestaciones, éstas se mantuvieron. Si bien en un primer momento todos estábamos muy desconcertados, se comenzó a hacer un trabajo de atención remota”.

En lo particular, en la Región de Coquimbo, se solicitó a los equipos establecer niveles de riesgo para que a esos usuarios se les pudiera contactar de manera más frecuente. “Por tanto, se realizó un gran esfuerzo entre los profesionales para seguir entregando atenciones”, agregó Rosa Levi.

En efecto, desde el inicio de la pandemia, por parte de Salud Mental del Servicio de Salud Coquimbo no hubo un abandono, aunque sí se debieron redistribuir funciones producto de la contingencia. “Con mucho esfuerzo, los equipos han intentado mantener ese diálogo constante con los usuarios e ingresando a otros que requieren las atenciones”, comenta.

Respecto del suicidio propiamente tal, Levi señaló que “tenemos un sistema donde se ha ido trabajando en aumentar las competencias de los equipos para poder establecer riesgos. También tenemos encargados de estos seguimientos para que ningún usuario quede sin sus controles”.

 A su vez, la profesional insiste en la importancia de “disminuir el acceso a medios letales, y eso si bien no necesariamente tiene que ver con salud, es importante porque requiere un seguimiento a personas que tienen mayores factores de riesgo. Hemos intentado ir avanzando en nuestra región, sin duda nos falta, pero hemos generado procesos que permitan identificar a los usuarios para que puedan ingresar a algún tratamiento. Está el Sistema Salud Responde, y cuando una persona manifiesta alguna intención suicida, ese dato nos llega y nosotros tenemos el mandato de hacer un seguimiento muy inmediato, sobre todo en los casos de alto riesgo”, concluyó.

 

“La responsabilidad es de todos”

La psicóloga de la Universidad Central de Chile sede La Serena, Marisol Urrutia, en diálogo con diario El Día, reforzó la importancia de entender que se trata de un problema en que la sociedad en su totalidad tiene responsabilidad. “La hay desde el punto de la familia y del país. No se debe estigmatizar a quien incluso llega hasta a un intento suicida, ya que existen muchos prejuicios en torno a las enfermedades de salud mental. Existe poca comprensión de lo que le pasa a la otra persona, por eso es importante tocar el tema y visibilizarlo”, afirma.

A juicio de la psicóloga, “los intentos de suicidio entre adolescentes y jóvenes son bien recurrentes. Por tanto, es un tema que hay que analizar, porque personas entre los 13 y 24 años informan haber tenido al menos una ideación suicida. Muchos lo guardan para sí mismos, porque existe mucha estigmatización con respecto al tema. Incluso cuando ocurren hechos se apunta hacia los padres y a la responsabilidad que podrían tener. Es muy amplio”. 

 

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