• Monseñor René Rebolledo encabezó la caravana que recorrió desde Alfalfares hasta La Serena.
  • Javier Galleguillos recibe la bendición por parte del párroco.
  • Los feligreses de la Comunidad Inmaculada Concepción
  • Julio Varela recibe la comunión en su propio hogar en el pasaje Floto de La Serena.
Crédito fotografía: 
Luciano Alday Villalobos
Sacerdotes, escoltados por huasos y la feligresía, visitaron a los enfermos y ancianos para entregarles la comunión. La actividad comenzó con una eucaristía en la parroquia de la localidad serenense.

Texto: Norita Ugalde Olivares

Alfalfares se pintó de amarillo y blanco para realizar la décimo novena versión de la fiesta de Cuasimodo.  La tradición proviene desde la época de La Colonia, cuando el párroco visitaba a los enfermos con el fin de entregar la comunión para quienes, por alguna dificultad, no podían acercarse a la iglesia. Los huasos acompañaban la procesión a modo de resguardo, ya que los curas llevaban la ostia en copas de oro por los pueblos y con esto se creó una experiencia que perdura  en el tiempo y que la comunidad de la Inmaculada Concepción comenzó a festejar,  en su propia versión, desde el año 2000.

Este año la eucaristía fue celebrada por el arzobispo de La Serena, René Rebolledo, quién  valoró el rescate de esta tradición. “Es una gracia de dios que la comunidad de Alfalfares haya comenzado con esta hermosa tradición de celebrar la eucaristía y llevarla a los enfermos. Es gente que ama mucho al Señor y tiene una adhesión muy grande a su comunidad y a la Iglesia, y que quiere que de alguna manera los enfermos participen también en la celebración de la santa misa, cuya parte más importante es la recepción de la sagrada comunión. Es algo muy hermoso”, dijo Rebolledo.

Javier Galleguillos fue uno de los visitados en esta procesión, está en silla de ruedas y tiene una lesión en la pierna, por lo que es muy difícil llegar a la iglesia. “Es una fiesta bonita, uno siempre va con fe,  este año no pude salir.  Me emociona estar recibiendo la comunión ahora, porque siempre que he podido los acompaño. Es una linda experiencia salir con ellos y también recibir el sacramento, así que le doy muchas gracias a la Iglesia”, dijo.

Patricio Ponce pertenece a la comunidad y fue presidente de la misma hasta el año pasado. “Esta fiesta comenzó el 2000 para llevar un sacramento a las personas enfermas o postradas que no pudieron comulgar en Pascua de Resurrección. Esto se realizaba en la zona centro y sur de Chile y nosotros la trajimos como comunidad de la Inmaculada Concepción hasta nuestra ciudad. A través del tiempo lo hemos hecho con distintas organizaciones y la caravana ha ido creciendo”, comentó.

Agregó que una razón de seguir con esta tradición es la dicha que llevan a las familias visitadas: “Hay gente que toda su vida fue a misa y ahora no puede porque la salud no los acompaña, están enamorados de Cristo y no pueden acercarse a su iglesia, por eso la iglesia va a los hogares.”

"Es algo maravilloso, que la iglesia llegue a las iglesias domésticas, que son los hogares" Mirza Varas, vecina de La Serena

Dina Montalbán es miembro de la comunidad de Alfalfares y junto con sus vecinas participa de esta caravana religiosa todos los años. “Es algo muy bonito para todos nosotros, nos hace agradar al corazón y también queremos levantar la religión”.

Montalbán contó que la actividad en la localidad se realiza desde hace 19 años,  luego de la llegada del padre Leo desde Temuco. “Ahí empezamos a juntarnos, esto se hace después de Semana Santa, inscribimos a todas las personas que están enfermas y después el cura los visita y pueden comulgar”, explicó.

Sus compañeras comentaron  que realizan esta actividad porque les hace sentir bien y  saben que después de años estando dentro de la caravana, en un futuro podrían ser las personas visitadas.

La Fiesta de Cuasimodo comenzó en la iglesia  de Alfalfares,   la caravana luego recorrió diversas  calles y, finalmente,  llegó al centro de la ciudad de La Serena, para visitar a los enfermos y ancianos, entre ellos al matrimonio de Pabla Traslaviña y Julio Varela, quienes llevan 67 años de casados y actualmente no pueden salir de su casa con facilidad. Su vecina, Mirza Varas, se prepara para esperar la caravana todos los años. “Es algo maravilloso, que la iglesia llegue a las iglesias domésticas, que son los hogares. Hace mucha falta y también de debe atender a los enfermos. Es bueno asistir a quienes no pueden llegar a las parroquias, la voluntad del equipo es grandiosa y podemos ser bendecidos”, concluyó.

 

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