• Patricia es madre de Enynger y Dylan ambos de 15 años. Viven en Algarrobito, no muy alejados de La Serena, pero aún así, no tienen buena conexión para realizar clases online. Y por si fuera poco, no cuentan con un computador, por lo que deben estudiar a través del celular.
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Lautaro Carmona
Pese a que desde el Gobierno han señalado que existirá flexibilidad a la hora de promover de curso a los alumnos, han sido claros en que no habrá promoción automática, pese a la pandemia, es decir, los alumnos podrían quedar repitiendo de acuerdo al criterio de los sostenedores. ¿Los más perjudicados? Sin duda los estudiantes más vulnerables de sectores rurales que no han podido realizar sus clases online adecuadamente por falta de conectividad o por no contar con un computador.

La pandemia no sólo ha generado muerte sino que también ha desnudado realidades. La fragilidad económica y el consecuente daño social son las caras más violentas que han quedado al descubierto, pero sin duda, una que igualmente continúa golpeando es la brecha digital, sobre todo en estos últimos días cuando se discute un eventual retorno a clases presencial  en el país y se anuncia que no existirá una promoción automática, es decir, más allá de los inconvenientes que hayan tenido los alumnos para aprender en un contexto de clases a distancia igualmente podrían quedarse repitiendo, ya que deben ser sujetos a una evaluación. 

¿Qué pasará con quienes no tuvieron un adecuado acceso a internet para realizar clases online?, ¿cómo se calificará a los alumnos? Aquello no ha sido definido y no existe una uniformidad de criterios. Lo cierto es que dependerá de cada sostenedor, pero sin duda el anuncio de que nadie tiene garantizado el pasar de nivel pese a las vicisitudes que tuvieron lugar este año constituye una nueva carga para la pesada mochila de los estudiantes más vulnerables del país. 

En manos de los sostenedores

La controversia respecto a las clases ha estado instalada desde hace bastante tiempo. Fundamentalmente por el debate en torno a si es factible o no que se puedan retomar este año de manera presencial. Los apoderados se han manifestado mayoritariamente de manera negativa en este sentido, pero desde el Gobierno siguen sosteniendo que sí sería posible dependiendo del contexto sanitario. Así lo precisó el seremi de Educación de la Región de Coquimbo, Claudio Oyarzún, quien aseveró que, eso sí, “va a depender de cada localidad, y será voluntario. El ministerio no obligará a ningún sostenedor para volver de manera presencial”, especificó.

Pero es aquí donde surge la pregunta. ¿Qué pasa si el sostenedor instruye el retorno a clases presenciales y el alumno no asiste? Ésta podría ser una de las causales de repitencia, si así lo determinan quienes administran los establecimientos.

“Lo que pasa es que los colegios han estado trabajando con los alumnos de alguna manera, por lo tanto están en condiciones de efectuar alguna evaluación de acuerdo a lo que han realizado, pero nosotros somos enfáticos en señalar que así como no hay repitencia automática, tampoco puede haber una promoción automática. De alguna forma tiene que cuantificarse para que el alumno pase de curso. Esto lo dice la ley, que establece que tiene que haber una evaluación y promoción del estudiante”, precisó el seremi. 

Pero expresó que existirá flexibilidad. Si bien nadie pasa por el mero hecho de haberse matriculado el 2020, la evaluación también la define cada colegio dependiendo de lo que ellos determinen priorizar. “Hay liceos que privilegian las asignaturas que van a serviles a los alumnos para su NEM, porque están próximos a rendir su prueba de transición. En los técnicos se privilegia la especialidad. Y así,  porque entendemos que el contexto no permite atender todas las asignaturas. Esa flexibilidad está”, manifestó Oyarzún, dejando claro que, pese a la pandemia, las notas van a seguir siendo fundamentales para que el estudiante no se quede “estancado”. 

Mundo rural, historias que conmueven

La duda se instala en los alumnos. ¿Qué pasará si tienen malas calificaciones porque han tenido mala conexión a internet u otras complicaciones por vivir en lugares geográficos alejados de la urbanidad? En los sectores rurales  esta realidad es diaria y centenares de familias hoy se encuentran con la incertidumbre porque no saben si finalmente sus hijos pasarán de curso ya que, admiten, no todos han tenido un buen rendimiento, pero no porque no exista la voluntad de estudiar, sino porque no se dan las condiciones. Y es que en la ruralidad, hay relatos que conmueven. 

No hace falta desplazarse cientos de kilómetros para encontrar esas historias. Aquellas dificultades que a estas alturas tienen nerviosos a miles de jóvenes a lo largo del país, y por supuesto, de la región, se encuentran a poca distancia de La Serena, como por ejemplo, en el pueblo de Algarrobito. Llegamos al lugar el día viernes por la mañana con un sol radiante luego de una semana marcada por las amenazas de lluvia que nunca llegó con fuerza a la conurbación. 

Como es la tónica en estos sectores alejados del radio urbano, la fiscalización por la cuarentena es casi nula y los habitantes hacen una vida normal. De hecho, frente a la sede donde a esa hora un grupo de mujeres preparaba comida en una olla común para repartir a 60 personas, una pequeña feria funcionaba sin ningún inconveniente. Han tenido pocos contagios, y la percepción del riesgo es baja. 

Pero no han estado exentos de la brecha oculta que ha develado la pandemia, la digital. Ni siquiera ellos sabían que estaban tan lejos, por eso cuando tuvieron que realizar educación a distancia luego que el Ministro de Educación decidiera suspender oficialmente las clases el pasado 20 de abril, se vieron sorprendidos.

Así lo cuenta la presidenta de la junta de vecinos Isabel Castillo, quien deja el comedor común por un momento, se saca el delantal de concina y mueve la cabeza de lado a lado en señal negativa. “Qué quiere que le diga, aquí la conexión a internet es pésima, incluso la cobertura para llamar. No hay. La solución es salir a la carretera porque si no se te corta, o el mejor de los casos subirte al segundo piso, por eso que los niños, creo yo, que han tenido sólo clases online no han aprendido nada, o muy poco. Entonces, ¿qué les podrían evaluar?”, cuestionó la vecina.

Todo cuesta arriba

Del mismo comedor, para contarnos su historia, aparece la señora Patricia Yáñez, quien vive en el lugar hace un año junto a sus dos hijos gemelos Enyger y Dylan de 15 años. Para ellos, en un principio la suspensión de clases no fue mayor problema hasta que vieron que cada vez era más difícil conectarse con sus profesores. De ello da cuenta Patricia, sentada en el living de su casa donde nos recibió. Tenía ganas de desahogarse y lo hizo evidente, sobre todo ahora que el fantasma de la repitencia les empieza a penar. “Mire, lo que pasa es que esto ha sido muy complicado para ellos, y no siento tampoco que haya demasiada preocupación por si aprenden o no, yo siento que no. Entonces, ahora que vengan a decir que podrían quedar repitiendo me parece inaceptable”, relata la madre, con rabia. 

Hace una pausa, mira a sus hijos, sus hijos la miran a ella por un par de segundos -que el silencio incómodo vuelve eternos-, y prosigue. Claro, por si fuera poco en el último tiempo han sucedido otras situaciones que han empeorado la calidad de enseñanza que están recibiendo los niños. Contaban con un computador en su casa en el que ambos estudiantes de segundo medio se turnaban para realizar sus trabajos, pero luego que su hermana mayor se fuera con su pareja hace unos meses, se lo llevó, dejando a los estudiantes sin este implemento vital para desarrollar sus trabajos y estar en las  clases online.

¿Cómo lo hacen ahora? No les queda otra opción que a través del teléfono celular, algo que les resulta incómodo, más aún porque la red de internet no responde. “Es muy pero muy complicado. Sin un computador, sin conexión, la verdad es que siento que no puede ser peor, y me da pena”, insiste Patricia con lágrimas en sus ojos. 

¡No hay red!

La experiencia de Dylan Araya, uno de los hijos de la habitante de Algarrobito, tiene matices. Asegura que en un comienzo “fue fácil” acostumbrase al nuevo sistema, pero luego las cosas se complicaron. “Lo que pasa es que al principio me mandaban guías, pero después empezó el sistema online y ahí como el internet es muy malo, y encima no tenemos computador, todo mal. A mí de hecho me dio como una crisis y todavía la tengo porque no sé si voy a pasar de curso. Tengo rabia la verdad”, expresa el adolescente, evidentemente estresado. 

Enyger, la hermana de Dylan lo escucha con atención y asiente con la cabeza. Para ella, ha sido aún peor y dice de entrada que no sabe si este año podrá pasar a tercer año medio, ya que, precisa, va muy mal. “Me han hecho pruebas, pero no me dan las notas lo que me estresa mucho, aunque yo sé que no me ha ido bien, y obviamente que estoy nerviosa. Siento que no aprendo nada y me frustro mucho con las cosas”, dice, enérgica, agregando todavía con más fuerza que, “no sería justo que nos dejaran repitiendo, ni siquiera sería justo que nos evaluaran porque no fue nuestra culpa que llegara el Coronavirus”, finalizó. 

Desconexión en Gabriela Mistral

Yacaren Valdivia tiene dos hijos de 6 y 9 años que estudian en el Colegio Saturno de Gabriela Mistral, pequeña localidad de La Serena. Los problemas que ha enfrentado este año con las clases a distancia son más o menos similares a los de la familia de Algarrobito y a otros sectores rurales. No hay conectividad y tampoco estaban preparados con computadores personales para poder recibir todo lo que el establecimiento ha querido entregarles. De hecho, ambos niños deben estudiar y realizar trabajos desde el celular de su madre cuyos datos de internet son limitados y si se le acaban, tiene que buscar otras fórmulas.

“Ha sido una cosa bien complicada. Siento que mis hijos se han visto perjudicados y están estancados. Los profesores se esfuerzan mucho, yo no tengo nada que decir de ellos, pero en este momento estamos sin computador y con estos cerros que no nos dejan tener señal buena de internet, además que a mí se me acaban los datos en mi celular, entonces así es imposible aprender de buena manera”, aseveró la madre de los dos pequeños que miran curiosos mientras conversamos.

Más consecuencias

De por sí, las clases no presenciales producto de la pandemia traen aparejadas consecuencias y ahora, con esa latente posibilidad de repetir el año, éstas podrían agudizarse. De hecho, ya se prevé un número importante de desertores que aumentaría de manera importante debido a la pandemia y a que han debido dedicarse a otras labores en medio de la crisis social y económica. Según cifras del ministerio de Educación, el año pasado existían en la zona 6.717 niños y jóvenes en edad escolar que no estaban asistiendo a clases formales, y para este 2020, de acuerdo a las proyecciones se estima que el número ascienda a 9.793, es decir unos tres mil más. 

Las cifras son preocupantes y podrían incrementarse precisamente si existe repitencia, ya que muchos, simplemente lo considerarán injusto y no querrán volver al sistema. En este sentido, la doctora en Ciencias de la Educación Graciela Vidal Carvajal, enfatiza en que las decisiones que se tomen a nivel de Gobierno deben ir en la línea de  generar en los alumnos una sensación de tranquilidad para que no dejen sus estudios.

“Primero hay que decir que es evidente que no se puede hablar de educación de calidad en estas circunstancias (…) La forma no presencial tiene inconvenientes, porque en muchos casos los profesores no estaban listos para esto, ni los padres preparados para ser los guías de sus hijos en el proceso. A esto hay que sumarle la brecha digital, ya que es cierto, hay familias que cuentan con un celular para todos, y que ni siquiera tienen un computador. Eso debilita enormemente el poder aprender”, sostiene la experta, quien por lo mismo, considera inoportuno que no exista, al menos para este año, una promoción automática. “No se les puede exigir más allá a los alumnos, no se les puede dejar repitiendo. Lo que hay que hacer es reforzar los contenidos de este año durante el próximo”, aseveró la  doctora en Ciencias de la Educación. 

Municipios se pronuncian

Los municipios de la conurbación han sido categóricos: No retornarán a las clases presenciales, pese a estar conscientes que la falta de conectividad en los sectores rurales genera problemas a estos alumnos. El edil de La Serena, Roberto Jacob ha manifestado que las clases deben continuar, pero de manera online, “ya que es mucho mejor que no tener nada y tengo la certeza de que los profesores se están esforzando tremendamente por los niños”, expresó.

Claro, aún no se dimensiona el estrés que se está generando en los niños que no saben si pasarán o no de curso en estas condiciones. Sin embargo, desde la Corporación Municipal Gabriel González Videla están actuando rápido para que los estudiantes de estos sectores no tengan problemas con su internet, por lo que se encuentran implementando el Plan de Conectividad Comunal que en su primera etapa instalará conexión de alta velocidad en cuatro colegios rurales de la ciudad. 

Desde Coquimbo, el alcalde Marcelo Pereira, pone el acento en que si bien la educación en esa comuna no es municipal, serán férreos fiscalizadores “para que ningún alumno que no haya recibido un buen servicio, que no haya tenido internet, quede repitiendo, ya que Puerto Cordillera debe haberse ocupado de todos estos asuntos. Así que el llamado a los educandos es a que estén tranquilos”, precisó, dando una cuota de calma. 

La brecha debe terminar

La pandemia lo ha develado. Aquella creencia de que internet estaba en todas partes, se ha desmitificado y la cantidad de hogares que no cuentan con internet fija llega casi al 50% en la región, según cifras de la Seremi de Transportes y Comunicaciones. Pero el problema está siendo analizado y se espera que en un futuro esta brecha digital que hoy genera problemas a los alumnos de los sectores rurales, pueda ser acortada. 

El Seremi del rubro Juan Fuentes, ve con buenos ojos lo que se viene en esta materia, y precisa que “la pandemia sirvió para que nos diéramos cuenta que no estábamos tan bien”, por lo mismo, señala, existe un proyecto de conectividad para la educación que en este momento está siendo licitado. “Aquí se les va a entregar conexión a los colegios que no cuentan con internet en la región, fundamentalmente los de las zonas rurales que son alrededor de 320, y a los colegios que ya tienen aumentarles la capacidad. Esperamos que en el mes de diciembre de este año se adjudiquen las propuestas técnicas que estamos recibiendo y en el 2021 podamos tener este despliegue de servicios. Tenemos claro que no es la solución inmediata, pero sí a futuro”, expresó. 

A esto agregó que paralelamente se está desarrollando el proyecto de la fibra óptica nacional, “lo que significa que un sistema va a recorrer las 15 comunas de la región, y que va a tener 17 enlaces con un nodo en La Serena. Son 837 kilómetros de fibra y se empieza a instalar en el mes de marzo porque ya está licitado. Eso es en una primera etapa, porque después entra una empresa privada que debería llegar con la fibra óptica a los lugares más complejos. Esto es lo que se conoce como la última milla que demorará un poco más, pero que tiene un valor incalculable para la conectividad”, indicó Fuentes. 

El 5G

Finalmente otra de las esperanzas para acortar la brecha es el 5G, cuya licitación fue anunciada el pasado 17 de agosto a nivel nacional y que debería estar licitado en octubre. Pero estas ya son palabras mayores ya que primero el trabajo se implementará de manera piloto en servicio público para en un futuro, no sólo tener a todos los rincones del país y la región interconectados, sino que también aspirar el sueño de las ciudades inteligentes. Un paso que tras esta pandemia se hace necesario dar, sobre todo, luego que nuestras falencias quedaran al desnudo y descubriéramos que aspectos tan fundamentales como la educación no puede ser de calidad si no hay tecnología. 

Patricia es madre de Enynger y Dylan ambos de 15 años. Viven en Algarrobito, no muy alejados de La Serena, pero aún así, no tienen buena conexión para realizar clases online. Y por si fuera poco, no cuentan con un computador, por lo que deben estudiar a través del celular. 

 

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