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Hábitos de distanciamiento físico, uso de mascarilla, el encierro, alejarse de los amigos y en muchos casos de la familia fueron los principales cambios que vivieron los menores en el primer año de pandemia, uno que también significó desafíos, tanto para ellos y los métodos de aprendizaje, como para sus padres.

Cuando comenzó la pandemia las personas pensaban que serían solo unos meses lo que duraría la crisis, pero el tiempo fue pasando y la situación no daba señales de mejora, al contrario cada vez era más complejo.

Una de las primeras medidas que se tomó fue la suspensión de clases, cambiando la forma de enseñanza, no solo de los niños, niñas y sus profesores, sino de las familias completas que debieron adaptarse al uso de plataformas tecnológicas para el proceso, debiendo en muchos casos compartir computadores con otros miembros de la familia.

El teletrabajo y la cuarentena permitieron a los padres pasar más tiempo en la casa con sus hijos en el encierro, debiendo lidiar con todo lo que significó aquello, reportándose cambios en la conducta de los menores en muchos casos y también en las dinámicas del hogar.

“Yo aprendí a conocer de nuevo a mi hija Emilia” confesó Paulina Moraga, “se fortalecen las relaciones. Esto dio una oportunidad de conocer y tolerar al que tienes al lado”.

En el aspecto del colegio también fue un desafío para los padres, quienes debieron acompañar a sus hijos en el proceso y en la nueva modalidad remota, perdiendo el contacto con sus compañeros, amigos y profesores y pasando más tiempo frente a la pantalla.

Un aspecto complejo para aquellos niños y niñas que estaban acostumbrados al sistema de clases presenciales, donde existe más disciplina y un ambiente que facilita los aprendizajes.

“En la casa se distrae más fácilmente, con el gato que se pasea, el auto del vecino, las bocinas, hay muchos aspectos que no la dejan concentrarse. Yo tengo la facilidad que mi trabajo es más flexible y me permite volver a la casa para supervisarla, pero no es la realidad de todo el mundo. Ha sido un cambio grande”, agregó Paulina.

Camila González por trabajo tuvo que separarse de su hija por un tiempo. Para protegerla la llevó a casa de una de sus abuelas en una parcela en Río Hurtado, lo que le ayudó a estar lejos del impacto de la pandemia. Eso significó verla solos los fines de semana, lo que fue difícil para ambas, aunque admite que, a diferencia de los compañeros de Amaia, ella no sufrió el estrés del encierro en sus casas.

“Ella quiere volver a clases, pero en el curso de ella se decidió que van a ir pocos niños al colegio, los crónicos, con enfermedades de base no van a volver hasta que estén todos vacunados los profesores y bajen la cantidad de casos en la región” contó Camila.

 

Capacidad de adaptación

Catalina Sepúlveda, psicóloga clínica señaló que por lo general los niños y niñas tenían la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas sin dificultad, incluso con más éxito que los adultos, en ocasiones.

“Sin embargo, la pandemia ha generado cambios importantes que se han prolongado en el tiempo, uno de ellos es el confinamiento y el distanciamiento físico, que tiene efectos sobre la salud mental y física de las personas. El proceso de desarrollo- emocional y del aprendizaje- de los niños se puede ver afectado debido a la limitación de las relaciones con sus pares y familiares significativos y la pérdida de hábitos saludables, lo que además se suma, en muchos casos al abuso de nuevas tecnologías”, aclaró la experta.

 

Respuesta emocional

“Sin duda, la mayoría de las madres o padres no estaban preparados para una pandemia”, subrayó Sepúlveda.

Por lo mismo, indicó que aún se estaba a tiempo de implementar estrategias con los niños en casa para manejar la respuesta emocional a la incertidumbre y al confinamiento, entre ellas,  la comunicación positiva, promoción de hábitos saludable, el hablar de las emociones y normalizarlas, especialmente si han perdido a algún familiar o persona cercana.

 

Máximo Pizarro Lazo, 8 años

“Aprendí que a pesar de estar muy lejos igual puedes hacer cosas divertidas, también puedes hacer cosas nuevas si estás en casa, eso es la cuarentena, aprender. Y que a pesar de no estar presencial igual se puede aprender online”.

 

Emilia Pizarro Moraga, 11 años

“Costó el cambio porque uno no estaba acostumbrado a usar mascarilla, pero aprendí nuevos hábitos. El pasar más tiempo con la familia porque los vi muy poco. Espero poder volver luego a clases presenciales porque hecho mucho de menos a mis compañeros y profesores”.

 

Amaia Díaz González, 7 años

“Estuve en el campo haciendo las clases de forma online el año pasado” contó Amaia, ella debió aprender a estar lejos de su madre los días de semana y vivir alejada de la ciudad. Me gustaba más estar con mis compañeros y me concentro más en la sala haciendo clases que frente al computador”.

 

Violeta Aluney, 8 años

“Aprendí a amar a la familia”, pese a que no se alejó de ellos y pudo verlos una de las principales enseñanzas del 2020 fue su familia. Admite que no le gusta mucho usar mascarilla, aunque sabe que debe hacerlo para proteger a sus seres queridos".

 

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