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Leonel Fritis
De visita en la Región de Coquimbo, la autoridad destacó que ha existido un aumento importante de la prevalencia a drogas sintéticas, y recalcó el desafío de mejorar el trabajo en la institucionalidad. Adelantó las preocupantes cifras de consumo de alcohol en adultos mayores, estudio inédito hasta la fecha.

En el marco de su visita a la región, el director nacional de Senda, Carlos Charme, entregó una serie de reveladores antecedentes, además de ponerse al tanto de la realidad de nuestra zona, cuya dirección regional es liderada por Fernanda Alvarado.

En ese contexto, se refirió a un estudio realizado por el servicio, que buscó analizar el consumo de alcohol en el país, y que tuvo como resultado que seis de cada 10 adultos mayores (más de 60 años) declaró emborracharse, al menos, una vez al mes.

-¿Qué parámetros involucró este estudio, que reveló una realidad que parecía estar velada?

“Hay que decir que teníamos el estudio del grupo de población universitaria, pero nos faltaba adentrarnos en la población adulta y también de edades más avanzadas. No hay que olvidar que los adultos mayores van en alza, y ya son más de 2,8 personas de 60 años y más en Chile.  Y la cifra se triplicó en los últimos 40 años, por eso la importancia de este estudio”.

-¿Resultó sorprendente este análisis, si se piensa que no se le asume como un grupo etario con conductas de riesgo?

“Lo llamativo es que tienen los mismos comportamientos riesgosos que grupos de edades menores, incluso aumentados. De hecho, tienen una prevalencia de 42,6% de consumo de alcohol al mes, y en la población general es de 43%. Por tanto, uno hubiera esperado, siguiendo la literatura, que la realidad fuese radicalmente distinta. Además, de ese 42,6%, un 58% se embriaga, por lo tanto se mantiene el patrón de consumo riesgoso. Otro dato interesante es que un 8,8% de ellos consume medicamentos sin receta, otro dato que resulta altamente sorprendente, porque sólo un 2,2% de la población general los incorpora. Hablamos de clonazepam o diazepam, que en la población escolar es consumido por cerca de un 9,3%, otra cifra preocupante. Sin embargo, el adulto mayor lo utiliza para el alivio del dolor, el joven lo hace con un sentido recreativo”.

-¿Qué mitos se despejaron con esta investigación?

“Se decía que los adultos mayores que vivían solos eran los que más consumían alcohol, pero se trata de sólo un 18%. Incluso se hablaba que personas de estratos sociales o educativos más bajos lo hacían, y es al contrario, pues es en las clases acomodadas donde más se repite el fenómeno. Además, algunos le echaban la culpa a la desocupación, pero sobre el 50% de esos adultos consumidores tenían al menos una hora de trabajo diario”.

 

Estrategia nacional de drogas

Se trata de una iniciativa que fue lanzada en enero de este año y se extiende hasta 2030, y que según el director nacional, busca generar una vinculación con los diferentes servicios públicos involucrados.

-¿Cuáles son sus pilares?

“Tiene cuatro, de los cuales tres corresponden al trabajo intersectorial. Uno de ellos es el programa Elige Vivir Sin Drogas, que trabaja con Educación, Cultura, Salud, Trabajo y Desarrollo Social. Otro bastión muy importante es el Observatorio Nacional de Drogas, ya que a través de buenos y certeros diagnósticos, y compartiendo la información desde las policías, el Ministerio Público, el Servicio de Salud, Aduana o Sename, permite traspasar información para tomar mejores decisiones. Otro sustento es el Programa de Alerta Temprana”.

 

Drogas sintéticas

El director nacional de Senda, Carlos Charme, se refirió a las drogas sintéticas que principalmente se consumen en el país. “Están las inhalables, los estimulantes, el éxtasis y alucinógenos. Y es peligroso, ya que por ejemplo en Europa se detectaron cerca de 53 nuevos tipos de drogas sintéticas”.

¿Qué inquieta de estas drogas?

“Es preocupante porque los jóvenes consumen ocho veces más este tipo de drogas que los adultos. Nueve veces más estimulantes y ocho veces más alucinógenos. La mayor complejidad es que cada vez que se detectaba algún tipo de droga nueva, la institucionalidad no se enteraba, y así era imposible que pudiésemos propiciar políticas preventivas o que el sistema de salud también estuviera atento en caso de personas que consumían este tipo de sustancias se intoxicaran. Lo importante es que ahora existe una institucionalidad y al llegar una nueva droga se evalúa el riesgo para la salud de las personas, para la salud pública y se emite una alerta pública para la sociedad en general”.

 

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